Victor Puchalski y El Irra. No los perdáis de vista.

Dos autores “nuevos” (para mí lo eran, al menos) a los que no perder la pista porque prometen. Y mucho.

Por Javier Marquina.

Victor Puchalski dibuja pollas. Así es. Penes enormes cuajados de venas que brillan con presencia radioactiva ocupando toda la página. Vergas de tamaño desbocado que transgreden las leyes físicas y se mueven a su libre albedrío oscilando entre llaves de artes marciales letales y prohibidas. Cipotes monolíticos, gruesos como columnas jónicas de templos derruidos en el Peloponeso. Rabos como la manga de un abrigo. Falos cuya influencia es inexcusable, imposible de evitar, evidente a fuerza de primeros planos explícitos. Uno podría decir que una presencia tan destacada y prominente del nabo como elemento vertebrador de un cómic podría llevar a ocultar o eludir aspectos (o defectos) fundamentales en cuanto a narrativa o historia pero, aunque parezca sorprendente, esto no es así. Lo que ocurre con los cómics de Puchalski es muy parecido a los que sucede con otro de esos cómics que te subyuga a fuerza de incomodarte y darte repetidas patadas en la boca: Pudridero. Lo que allí es riguroso blanco y negro, en Kann (el tebeo de Puchalski) es color psicodélico y abrupto, una explosión de LSD en las retinas que apabulla y sorprende. Si he de ponerle alguna pega al trabajo de Víctor es la brevedad de sus obras, trabajos que, debido a su ritmo desenfrenado se leen en segundos y te dejan con al alma vacía esperando la siguiente entrega de la colección. Hay también cierta sensación de descuido en alguna de las viñetas, como si se hubiera trabajado demasiado deprisa para cumplir con alguna fecha de entrega y eso hace que alguna de las escenas se resientan ante la comparativa con otras escenas especialmente brillantes. Os aseguro que es un mal menor. Viendo el trabajo actual que el autor está colgando en las redes sociales, se aprecia una evolución tanto en su estilo como en el detalle y trabajo de cada viñeta, lo que indica que lo nuevo que publique va  a hacer que se convierta, sin duda alguna, en el Johnny Ryan español.

El Irra es como un tigre agazapado esperando el momento justo para saltarte a la yugular. Es una fuerza de la naturaleza contenida en viñetas. Dibuja con las tripas, y eso se nota. Hay en cada uno de sus trazos un algo oculto que transmite fuerza y unas posibilidades casi infinitas. Después de leer alguna de sus obras, uno tiene la sensación de estar viendo como Usain Bolt comienza a andar. Son los primeros paso de un portento. Tanto en “A” como en “FSP” (dos de los cómics de El Irra) hay un sentido del ritmo y de la narración en sus historias que respira movimiento por los cuatro costados, como esas películas de acción de los 80 en las que lo artesanal sumaba espectacularidad y realidad al asunto. Cada trazo tiene su labor, su lugar, su sitio y, lo mejor de todo, es ese poso que te deja su lectura; esa sensación ya conocida de que lo bueno está por llegar. El futuro. Lo que tenga que venir. Hacer ciencia ficción mezclada con género negro y hacerla bien. Narrar con sentido, con contundencia, con una atención al detalle que nunca frena la lectura. Dibujar una historia de demonios con una pelea por las calles de Sevilla digna de una película de Walter Hill antes de que Walter Hill se olvidara de ser Walter Hill. Leer un cómic con emoción, en un suspiro, y desear que llegue la continuación o lo que sea que haya dibujado el autor. Disfrutar, al fin y al cabo, que de eso va está movida. Y si consigues entretener al personal, lo que quieras contar después a base de cargas de profundidad en tu historia, entrará mucho mejor. Es como meter tranquilizantes en un bistec o ponerle a un laxante sabor a fresa. No importa lo crudo del mensaje si la forma es la adecuada. Los medios ajustándose al fin. El dibujo como mecanismo de comunicación definitivo. Un dibujo, además, que respira potencialidad, es decir, que huele a que va a ser la hostia.

Dos autores que espero que lleguen muy lejos. De esos que, cuando triunfan, puedes sacar pecho y decirle a tus amigos: “os lo advertí”.

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