Sangre Americana

sangre_americanoEs un hecho consumado.

Prefiero la mostaza al ketchup. Adoro las acelgas. Cada vez como más dulce. Mis gustos están cambiando. Lo que antes era pura pasión por líneas cinéticas insertadas en cuerpos clónicos y dibujantes que copiaban hasta el frenazo de los calzoncillos de Jim Lee, se ha convertido por un querencia desarrollada hacia temas y estéticas que antaño hubiera considerado “horribles”. No solo eso. En este nuevo campo de exploración he encontrado ese material que satisface mi vena más chulesca, sucia y denigrante; ese yo que disfruta en secreto contemplando atrocidades, sexo explícito y guarro y violencia carente de sentido y nunca embellecida por un planteamiento formal que lo suavice. Sé que a menudo utilizamos la excusa de estar contemplando un dibujo para justificar ese placer sádico que nos recorre el cuerpo como un calambre al ser testigo de amputaciones, mutilaciones y asesinatos, pero no es más que la voz de Pepito Grillo que se afana por encontrar una razón a un fenómeno que no necesita ser explicado. La violencia atrae. Es magnética. Hipnótica. Es un enorme torbellino que nos engulle por puro atavismo, despertando esa parte reptiliana que se agazapa en nuestro cerebelo. Nos gusta. Disfrutamos con ella. Y en la ficción encontramos la excusa perfecta para no sentirnos culpables si sonreímos al ver como le vuelan los sesos al negrata de turno.

Hay algo adolescente en este placer. Algo pornográfico. Algo secreto. Es esa fuerza motriz que nos animaba a ilustrar nuestros cuadernos de religión con tías de tetas gigantes que se follaban a demonios de vergas kilométricas mientras disparan con ametralladoras de una simbología fálica inexcusable, causando dolor y muerte entre monjas de sexo rasurado salidas de una portada retorcida del Playboy. Eran dibujos que hacíamos con tinta azul mientras escuchábamos aburridos la lección de Geografía y hacíamos tiempo para que sonara el timbre y salir disparados por la puerta del instituto. En el camino a casa, como siempre, parábamos e el quiosco para ver si había llegado alguna grapa de Fórum o Zinco alternando la mirada, siempre de reojo, hacia la portada de alguna chica Private, una de esas mujeres que venían del norte y accedían a practicar doble penetración porque “más cornadas da el hambre”.

Benjamin Marra es todo esto y mucho más. No hace falta que ensalce su labor como narrador o dibujante porque actualmente hay en la red cientos de reseñas que se centran en alabar su tarea como autor de cómics. Sinceramente, y al menos en mis redes sociales, Sangre Americana* se ha convertido en el tebeo del año a la espera que de en noviembre salga El Azote del Terror y se nos propine una nueva y placentera patada en nuestros acomodados huevos. He leído todo tipo de referencias para hablar de los cómics de Marra. Desde el Underground americano más subversivo pasando por los cómics de la EC que el doctor Wertham derribó con un libro más dañino que toda la pronografía de la historia. Y todas son verdad. Porque lo que de verdad hace Marra es sublimar todo aquello que según  la sociedad americana del senador McCarthy seducía al inocente. Empuña un bolígrafo Bic (o simula que lo hace) y despliega páginas y páginas de la más insostenible, rotunda y desquiciada violencia. Se ríe de todo y de todos. Se caga en el rap porque lo adora. Deja en evidencia a Tarantino con un Django mucho más divertido que el suyo. Se mea en las películas de justicieros de Charles Bronson. Escribe un  guión a la altura de  Yo compré una moto vampiro pero mucho más divertido.

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Sutileza y contención.

Marra es un chulo de playa de tanga apretado y paquete de Marlboro en elástico de la cadera. Un Pepito Piscinas de manual que, además, no se avergüenza de serlo. Es el ligón de discoteca que al final se lleva a la tía a la que llevamos pagando Fantas toda la noche. Es más. Marra es un macarra empuñando un lápiz que se atreve a hacer todo lo que nosotros solo insinuamos en nuestros apuntes de instituto. Nos deja en evidencia. Nos agrede. Nos violenta. Nos da exactamente lo que buscamos: uno de esos cómics que volver a guardar bajo nuestro colchón con el placer culpable de la incorrección total.

A mí que me pongan cuarto y mitad de sus cómics todos los meses, por favor.

*Sangre Americana ha sido publicado en España por Autsider Comics

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