Reír.

Es en días como estos en los que la comedia y el humor son más necesarios que nunca. Yo diría que son más que necesarios. Son vitales, sobre todo porque son el chiste, la ironía y la carcajada elementos que nos distinguen, más que ningún otro, de los seres irracionales. Saber reírse de uno mismo, aceptar las bromas, entender el humor como un mecanismo de desahogo que nos ayuda a olvidar sinsabores y desgracias es lo que nos diferencia de los animales y, sobre todo, de los animales fanáticos y extremistas.

Es en estos momentos de tragedia cuando uno necesita encontrar algo con lo que disfrutar y sonreír; algo que le haga olvidar todo lo malo que sucede a su alrededor; algo que le ayude a pasar un rato entretenido sin pensar en otra cosa que en divertirse, coflarse en el sofá y echarse una cerveza fresquita o un café con un chorrito de brandy.

Es en instantes como el de ahora, en la que sufrimos tragedia tras tragedia víctimas de un odio absurdo, en el que uno aprecia sobre todas las cosas cómics como esta segunda parte de El Último Aragonés Vivo titulada La Amenaza Robótica. Un tebeo plagado de garrulos, músicos aragoneses ilustres, reyes conquistadores legendarios, justicieros de cervicales laxas, futbolistas dignos de formar defensa con Martagón o Diego y un trasunto de Robert Neville que viste calzoncillos Abanderado con palomino y camisetas Imperio con roncha de sudor. Eso cuando no corre desnudo por el monte huyendo de rayos láser y explosiones varias, mientras su pene (que nada tiene que envidiar al de un equino) se bambolea libremente.

Hay detrás de todo esto un mundo postapocalíptico y regional que va tomando forma aventura a aventura, y que en este segundo tomo va trazando líneas de historias de algo que podríamos llamar Agrociencia Ficción. Hay mucho de local y baturro en lo que se narra. Mucha referencia a la idiosincrasia aragonesa, a la tierra que nos vio nacer y al sentir de un pueblo obstinado y orgulloso. Sin embargo, todo lo que en el primer tomo era presentación de personajes y aventuras contra un francés invasor ansioso por restañar heridas surgidas de La Guerra de Independencia, aquí comienza a plagarse de robots, laboratorios secretos, máquinas de clonación y elementos más propios de esa misma ciencia ficción de la que David Terrer, el guionista, se declara fan confeso. No sólo eso; este zaragozano tiene el valor de escribir un cómic en el que los monumentos más emblemáticos de la ciudad de Huesca son arrasados, y encima el jodido tiene gracia. Para ser un cheposo, claro está. (Lo dice un fato desde el cariño más sincero).

Era difícil igualar el éxito del primer número (que ganó el premio al mejor guión en el Salón del Cómic de Zaragoza el año 2014) y si bien es cierto que se pierde parte de la frescura de la historia anterior en la que la novedad era parte esencial del proceso, en este segundo volumen se establecen las guías de lo que serán las siguientes entregas de la serie: humor, aventuras, tecnología disparatada y una miajica de pan. Y todo eso tiene muy buena pinta.

El dibujo de esta segunda parte sigue corriendo a cargo de Carlos Azagra, auténtico titán del cómic español y una de las figuras emblemáticas de la revista El Jueves y del tebeo humorístico y combativo. Bajo su máxima “el lápiz es para cobardes”, Azagra mantiene un estilo de trabajo tradicional en el que dibuja directamente con pluma y tinta china, sin intermediarios entre el papel y el trazo. Una auténtica locura que se ajusta como un guante a lo que hay que contar. para un cómic de humor, uno de los icónicos dibujantes humorísticos españoles. Encarna Revuelta pone los colores que empastan y unifican el dibujo, y lo hace de manera también artesanal, con acuarelas y pinceles, ajena a la paletas preprogramadas del Photoshop. Una auténtica delicia para los ojos. Sus luces dulcifican el agresivo trazo de Azagra formando uno de esos tándems inseparables que funcionan como un reloj. Se conocen y se entienden artísticamente a la perfección, y eso se nota.

En cuanto a la edición de GP, lo único que puedo decir es que no han parado de crecer desde que los conozco. Tomo tras tomo están labrando un camino con identidad reconocible que se va consolidando poco a poco y por lo que sé (o por lo que me han contado) es una aventura que no se va a detener. Y lo que me alegro.

Terrer, Azagra, Revuelta y GP Ediciones, cuatro enormes patas para un estupendo banco.

El conjunto, al final, respira personalidad y carisma. Se huele el aroma de un personaje pensado para perdurar en la memoria y en la librería, asaltando año a año las estanterías como una especie de Astérix patrio. Un par de historias más, y seguro que lo consiguen.

El Último Aragonés vivo: La Amenaza Robótica, editado por GP Ediciones.

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